Era un día de lluvia, el entrenamiento se habia puesto muy duro esta semana. Yo jugaba en las inferiores del Porvenir, un equipo argentino del Nacional "B". Tengo 15 años, y hasta no entrenar con la primera no voy a parar.
Juego de enganche, armador. Acompaño a los delanteros, en mi equipo sali goleador. Pateo muy bien los tiros libres, y todas las pelotas paradas.
Llegó el sabado, arranque de titular. En la primera jugada ofensiva de mi equipo, me pegaron de atras y cobraron falta. Le pegué al tiro libre con toda la fuerza y la precisión posible... y la pelota se estampo contra el travesaño.
Final del Primer Tiempo... ibamos perdiendo 1-0. Mientras el entrenador mandaba a calentar algunos suplentes, observe dos tipos con anteojos que me observaban. ¿Que pasaba? No me preocupe, y sali concentrado a dar vuelta el partido.
Comenzo el segundo tiempo, robe una pelota, y me saque tres rivales de encima. Cruce la pelota para Gonzalez y... GOL! el equipo empataba 1-1 con Tigre, un duro rival.
Iban 90 minutos. Era la última jugada, y me cometen falta en el borde del area... me mandaron a patear... sabia que era lo decisivo, que podiamos ganar... y observe que los tipos me seguian observado y hacian gestos con la cabeza como diciendo si.
Sin pensar mas en eso, patee el tiro libre. Fue tomando comba y... clave un golazo al ángulo. El equipo habia ganado unos tres puntos muy importantes, con una asistencia y un gol mio.
Al terminar el partido, me bañé en el vestuario y salí hacia el auto donde me esperaba mi padre, con una sonrisa enorme y radiante. Al otro dia, llegue a mi casa y los tipos me llamaron. Me dijeron que habia sido fichado por Lanus: un gran equipo de la primera argentina. Me puse muy feliz y le conte a mi padre, el cual agrando su sonrisa aun más.